La actividad física es recomendable en todas las etapas de la vida. No obstante, en la tercera edad, debería ser una práctica casi obligatoria. Porque comenzar desde niños a hacer deporte, mantenerlo durante la madurez y alargarlo en la etapa adulta puede marcar nuestro día a día hasta tal punto de mejorar no sólo nuestro bienestar, sino apartar de nuestro camino enfermedades tan peligrosas, como el Alzheimer, el parkinson y la obesidad.

El riesgo de padecer estas enfermedades puede verse reducido si nuestros mayores incrementan el nivel de actividad física y derrotan a su enemigo número uno: el sedentarismo. Si no, la falta de actividad provocará una bajada de ánimo, de las defensas y de la sensación de sentirse ágil para vivir el día a día. Y es que una buena alimentación no es suficiente para llegar a la última carrera de la vida con la energía suficiente para quedar en la mejor posición. Hay que moverse.

Los peligros del sedentarismo
Son muchos los peligros que, a estas edades, puede acarrear el sedentarismo. Englobados en dos grupos, puede hablarse tanto de aspectos físicos o biológicos, como de otros psíquicos o psicológicos. En primer lugar, entre los físicos cabe destacar:

  • Pérdida de la forma y la resistencia física.
  • Incapacidad de desarrollo de la fuerza muscular.
  • Imposibilidad del mantenimiento de la densidad ósea.
  • Poco mantenimiento del peso corporal.
  • Deterioro de la flexibilidad y la movilidad articular.

Por otro lado, entre los psíquicos se encuentran:

  • Alteración del autoestima.
  • Agravación de la situación de indefensa y aislamiento social.
  • Aumento del nivel de depresión, tensión y estrés.
  • Aumento del estado de alerta e inseguridad.
  • Trastorno del carácter, con crisis de ira, agresividad, angustia…
  • Poca sociabilidad y nivel de relación.

Atajar el sedentarismo con actividad física
De esta forma, incentivar a nuestros mayores a practicar ejercicio físico diario, adaptado y sin necesidad de que sean más de 30 minutos al día, puede suponerles una mejora de su calidad de vida. Con ello, ya no sólo conseguirán reducir los peligros anteriormente enumerados, sino que verán empleado su tiempo y eso repercutirá en una menor sensación de aburrimiento, de tener un objetivo en la vida, y de experimentar mejoras fisiológicas en su organismo.

Oferta y posibilidades de práctica
Así, más allá de animarles a que anden, a que disfruten de los espacios verdes del campo o la ciudad, también se podría valorar la opción incipiente de inscribirles en un centro deportivo con actividades especiales; investigar si existe algún programa deportivo municipal con gimnasia adaptada; o valorar la posibilidad de contratar a un cuidador a domicilio con nociones de entrenamiento personal que pueda satisfacer de otra forma sus necesidades.

Múltiples posibilidades y beneficios. Por ello, la práctica de ejercicio físico se vuelve fundamental a la hora de apartar al sedentarismo de sus vidas. Sin duda, un aspecto a tener en cuenta a la hora de cuidar a personas mayores.