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Salud

Hiporexia: por qué un mayor no quiere comer

Hiporexia: por qué un mayor no quiere comer

“Es que ya no come nada.” Es una de las frases que más repiten las familias que cuidan a un mayor, y una fuente enorme de preocupación. Esa pérdida de apetito tiene nombre —hiporexia— y afecta a una gran parte de las personas mayores. La buena noticia es que, entendiendo por qué ocurre, se puede hacer mucho para revertirla. Te lo contamos.

¿Qué es la hiporexia?

Con la edad es normal gastar menos energía y, por tanto, tener algo menos de apetito. El problema aparece cuando esa falta de ganas de comer se mantiene y empieza a afectar a la salud: eso es la hiporexia, la disminución del apetito que se da sobre todo a partir de los 65 años.

No es una enfermedad en sí, pero no conviene restarle importancia, porque puede llevar a la desnutrición. Y aunque la cantidad de comida sea menor, lo que coman debe seguir siendo rico en proteínas y nutrientes.

Entre sus señales más comunes están la pérdida de peso, comer muy poco, debilidad, mareos, alteraciones del sueño, irritabilidad o molestias abdominales.

Por qué no hay que tomárselo a la ligera

Comer poco durante semanas pasa factura. La desnutrición en personas mayores se asocia a pérdida de masa muscular (con más riesgo de caídas), defensas más bajas (más infecciones), heridas que tardan en curar, cansancio y un deterioro general que puede acelerar otras dolencias. Por eso, detectarla a tiempo es tan importante.

Causas: por qué las personas mayores no quieren comer

  • Estado emocional: la ansiedad, el estrés o la depresión alteran mucho el apetito.
  • Enfermedades crónicas o agudas: problemas digestivos, cáncer, insuficiencia cardíaca o EPOC, entre otros.
  • Medicamentos y tratamientos: algunos fármacos y la quimioterapia quitan el hambre o cambian el sabor de la comida.
  • Problemas en la boca: dentaduras que no ajustan, dolor al masticar o dificultad para tragar.
  • Aislamiento o soledad: quien come solo, día tras día, tiende a comer peor y menos. Una cuidadora a domicilio no solo prepara las comidas: hace compañía y detecta a tiempo señales como esta.

Trucos para que coman mejor

Una vez que un profesional ha valorado el caso, estos cambios suelen ayudar:

  • Poco y a menudo: cinco o seis comidas pequeñas al día, ricas en proteína, en lugar de dos platos grandes.
  • Platos que le gusten: si le encanta la tortilla de patata, mejor eso que forzarle con algo que no le apetece.
  • Fáciles de masticar y tragar: texturas suaves; y si son templados o frescos, sacian menos que los muy calientes.
  • Aprovechar sus momentos de hambre: aunque sea a deshoras.
  • Comer acompañado: en un ambiente tranquilo, sin distracciones y con buena compañía, se come mucho mejor.
  • Suplementos, solo si lo indica el médico: hay complementos que aportan proteínas y calorías cuando la comida no llega.

No te olvides de la hidratación

Con la edad se pierde la sensación de sed, así que muchos mayores beben menos de lo que necesitan sin darse cuenta, sobre todo en verano. Ofrécele agua a lo largo del día (aunque no la pida), y suma líquidos “que apetezcan”: caldos, infusiones, gelatinas o fruta con mucha agua.

Señales de alarma: cuándo consultar

Conviene acudir al médico si notáis una pérdida de peso rápida, rechazo mantenido de la comida, atragantamientos frecuentes al tragar, o un decaimiento importante. Detrás de la falta de apetito puede haber algo tratable, y cuanto antes se detecte, mejor.

En resumen

La hiporexia es frecuente, pero no es “cosa de la edad” ante la que no se pueda hacer nada. Con pequeños ajustes, paciencia y compañía, la mayoría de los mayores vuelven a comer mejor. Y si necesitas una mano para el día a día, en Mayores Vida te ayudamos: cuéntanos vuestro caso sin compromiso.

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